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Cuando Gabriela Villanueva escribió Amos y guardianes del Olimpo, no buscaba seguir ninguna tendencia editorial ni capitalizar el éxito de las sagas de mitología griega que por entonces arrasaban en librerías de todo el mundo. Buscaba algo más específico y más personal: el libro que ella hubiera querido leer de adolescente. Uno con dioses griegos que se comportaran como personas reales, con contradicciones y con humor, con dudas y con errores; uno que tomara en serio al lector joven sin condescendencia y sin moralismo.

El resultado fue uno de los títulos de mayor demanda del catálogo de Editorial Excelsior, con dos ediciones en circulación y una presencia creciente en colegios de todo el país. Lo que comenzó como un proyecto personal se convirtió en una obra que miles de estudiantes peruanos han leído en clase o por iniciativa propia, muchas veces sin que nadie se los pidiera.

¿Cómo surgió la idea de mezclar mitología griega con narrativa para lectores jóvenes peruanos?
La mitología siempre me pareció un terreno donde todo es posible, donde las reglas normales de la lógica se suspenden pero las emociones siguen siendo completamente reconocibles. Los dioses griegos no son perfectos: se equivocan, se enamoran de las personas equivocadas, se traicionan entre sí, actúan por celos o por vanidad. Eso los hace humanos, y lo humano siempre conecta, independientemente de la época o el lugar donde te encuentres. Me interesaba también escribir algo que pudiera leerse como una aventura pura, sin que el lector sintiera que tenía que «aprender» mitología para disfrutarlo. Si al final aprende algo, bien. Pero primero tiene que pasar un buen rato.

¿Fue difícil encontrar el tono adecuado para un público lector tan heterogéneo?
Lo más difícil fue resistir la tentación de simplificar. Es un error frecuente pensar que escribir para jóvenes significa escribir fácil, reducir la complejidad, eliminar las ambigüedades. Los lectores jóvenes detectan inmediatamente cuando un texto los subestima, y cuando lo detectan, lo rechazan. El tono que busqué fue el de una conversación entre iguales: yo cuento, tú decides qué hacer con lo que te cuento. No hay lecciones explícitas ni finales moralizantes. Hay personajes que toman decisiones y sufren las consecuencias, igual que en la vida real.

¿Qué feedback recibes de los lectores y de los docentes que usan el libro en clase?
Los lectores me escriben para preguntarme cuándo sale el siguiente libro, que para mí es la mejor crítica literaria que existe. Los docentes me comentan que funciona muy bien como puerta de entrada a la mitología clásica porque los estudiantes llegan a los textos originales con curiosidad genuina, no con la resistencia habitual. Eso me parece muy valioso: que un libro contemporáneo pueda abrir el camino hacia textos de hace dos mil años. Es exactamente lo que debería hacer la literatura en el aula.

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