Solicitar catálogo

Pop Up Formulario

Durante décadas, la literatura que se enseña en colegios peruanos ha privilegiado lo rural, lo costumbrista y lo histórico. Hay razones comprensibles para ello: buena parte del canon literario peruano nació en el encuentro entre la tradición andina, la herencia colonial y la mirada de escritores formados en un país que tardó mucho en mirarse a sí mismo desde las ciudades. Pero también hay un costo, y ese costo lo pagan todos los días miles de estudiantes que crecen en Lima, en el Callao, en Arequipa o en cualquier ciudad grande del país, y que no se ven reflejados en los libros que leen en clase.

La narrativa urbana peruana contemporánea existe, es vigorosa, tiene voces propias y habla directamente a esos lectores. Habla de barrios que cambian de nombre y de dueño, de familias que se reinventan en departamentos pequeños, de identidades que no caben en ninguna categoría limpia, de violencia cotidiana y también de belleza cotidiana. Habla, en definitiva, de lo que esos jóvenes viven cuando salen del colegio y se montan en un micro o caminan por una avenida que nadie ha novelado todavía.

Incorporar estos textos en los planes de lectura no significa abandonar los clásicos ni traicionar ninguna tradición. Significa completar el mapa. Un lector que encuentra su propio paisaje en una página —su lenguaje, sus referencias, su geografía emocional— es un lector que baja la guardia y deja que la literatura entre. Y un lector que ha bajado la guardia una vez, que ha sentido que un libro le habla directamente, es mucho más probable que vuelva a buscar ese mismo efecto en otros libros, incluso en aquellos que le cuenten mundos muy distintos al suyo.

Los docentes que trabajan con adolescentes saben esto mejor que nadie. Cuando el texto conecta, la clase cambia. No hay que convencer a nadie de que leer es importante: la importancia se demuestra sola. El reto, entonces, no es pedagógico sino editorial y curricular: hace falta que esos textos estén disponibles, en buenas ediciones, a precios accesibles, y que los programas oficiales abran espacio para ellos sin tratarlos como un complemento menor o una concesión al gusto popular.

La literatura urbana peruana no pide un favor. Tiene méritos propios y lectores propios. Solo pide que se le abra la puerta del aula.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *